6

nov
2014

La ONU advierte que la basura electrónica es una bomba ecológica

Vertedero de basura electrónica de Agbogbloshie, Accra, Ghana.                           Foto: Cosima Dannorizter

Vertedero de basura electrónica de Agbogbloshie, Accra, Ghana. Foto: Cosima Dannorizter

Desde nuestra posición, no es muy difícil darse cuenta de la razón que tiene la ONU en cuanto a la basura electrónica. Ellos advierten de que millones de móviles, cámaras digitales y demás artilugios acaban en la basura común. Pero el problema es aún mayor, ya que va creciendo año a año. Si en el año 2000 se produjeron alrededor de 10 millones de toneladas de desechos electrónicos, en la actualidad son unos 50 millones. Para hacer una equivalencia, eso serían 8 veces el peso de la gran pirámide egipcia de Guiza.

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Esta cifra significa que cada habitante del planeta genera una media de siete kilos de basura electrónica y se calcula que en los próximos tres años esos residuos aumente en un tercio (no queremos pensar en el año 2050 cuando la población mundial alcance dos billones más de personas) aunque la basura generada depende de la riqueza y consciencia ambiental de cada país. Así, los cataríes generan alrededor de 63 kilos por persona, 30 los estadounidenses, 23 los alemanes, 18 los españoles, 9 los mexicanos, 7 los brasileños, hasta los 620 gramos que genera un maliense.

La peligrosidad de estos aparatos, una vez terminada su vida útil, que cada vez es más corta, reside en sus componentes, sobre todo los metales pesados, como el plomo, mercurio, cadmio o zinc, los cuales pueden acabar filtrándose en la tierra, perjudicando el medio ambiente y la salud de los humanos. Es por eso, que su correcto reciclado es tan importante, aunque sólo se hace de una mínima parte, según denuncian Naciones Unidas y grupos de protección medio ambiental.

La Oficina de Naciones Unidas para el Desarrillo Indsutrial (ONUDI), con sede en Viena, calcula que en 2016 los países en desarrollo producirán más basura electrónica que los industrializados. Un desafío añadido porque estas naciones cuentan con menos medios para abordar el problema.

Para intentar dar respuesta a esta situación, la ONU ha lanzado la Iniciativa StEP, con el fin de promover la reutilización y aumentar el ciclo vital de los productos electrónicos, que actualmente, tienen una fecha de caducidad, conocida como obsolescencia programada, algo que en Francia están a punto de prohibir.

Ruediger Kuehr, secretario ejecutivo de StEP, reconoce que aunque este es un problema medioambiental subestimado, al menos comienza a figurar en la agenda política internacional. “Estamos muy al inicio, por el momento no podemos decir que estemos en el buen camino, pero al menos está abriéndose paso en la agenda política”, explica Kuerh. “Quienes toman decisiones políticas, como los Gobiernos, son conscientes de que esto es una bomba de relojería y de que se deben tomar decisiones”, asegura.

El problema afecta a todos los países, no sólo a los que reciben la basura ilegalmente, porque en los países ricos tampoco se recicla lo suficiente, falta concienciación sobre el problema, en parte por la poca información acerca de cómo se reciclan estos aparatos y en parte porque, al menos en España, se dificulta su reciclado. Normalmente, para reciclarlos hay que desplazarse hasta un punto limpio, que se encuentra en las afueras de las ciudades. Además, se tiene una visión equivocada de los peligros. “Los consumidores (en los países industrializados) no son del todo conscientes del desafío que supone la basura electrónica”, ya que consideran que un problema lejano, que afecta a quienes desmantelan los equipos de forma rudimentaria en África o Asia.

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Y aunque esto es un tipo de reciclaje, también supone un problema. Los que “reciclan” estos aparatos en África o Asia, se enfrentan a la no infraestructura para hacerlo y lo realizan precariamente, contaminando el aire y poniendo en riesgo su propia salud.

Kuerh afirma que algunas empresas tecnológicas han comenzado a tomar “cierta responsabilidad sobre la basura electrónica generada” mediante distintos programas como Nokia o Apple, pero carga sus críticas al consumidor que demanda tecnología al menor coste.

Hay que criticar al consumidor, que sólo quiere la última tecnología por  muy poco dinero. Y eso se traduce en que es muy difícil reparar o es de muy baja calidad, lo que reduce la vida de estos productos”, subraya.

Para este experto, el objetivo a largo plazo es “cerrar el ciclo y llegar a un modelo sostenible”, en el que la empresas puedan crear nuevos productos reutilizando materiales antiguos. Por ejemplo, de los móviles, es reciclable el 90% de sus materiales, lo mismo ocurre con los ordenadores. En su mayoría es plástico, pero también oro, plata y platino, lo que también se traducirían en una menor explotación de la tierra para adquirir dichos materiales.

Otro problema con el que se han topado es la exportación ilegal de basura electrónica desde los países ricos a África y Asia, al menos 250.000 tonelada de basura electrónica salen de Europa cada año de forma ilegal a vertederos como el de Acra en Ghana o Guiyu en China.

En definitiva, es un trabajo de todos, ciudadanos, gobiernos y empresas. Hay que concienciar, pero también poner facilidades.


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